Escuela nueva y Federico García Lorca: La energía espiritual del niño

¿Qué ideas podemos usar del ideario de la Escuela Nueva como desarrollador de la cultura, a partir de un autor de la Generación del 27?
 

Tomaremos como referencia los tres primeros principios del ideario y al poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 5 de junio de 1898 - camino Víznar a Alfacar, 1936) y un poema suyo de juventud escrito en 1918

Ideario
1. El fin esencial de toda educación es preparar al niño para querer y para realizar en su vida la supremacía del espíritu. Aquella debe, pues, cualquiera que sea el punto de vista en que se coloca el educador, aspirar a conservar y aumentar en el niño la energía espiritual. 

2. Debe respetar la individualidad del niño. Esta individualidad no puede desarrollarse más que por una disciplina que conduzca a la liberación de las potencias espirituales que hay en él.  

3. Los estudios, y de una manera general el aprendizaje de la vida, deben dar curso libre a los intereses innatos del niño, es decir, a los que se despiertan espontáneamente en él y que encuentran su expresión en las actividades variadas de orden manual, intelectual, estético, social y otros. 

El poema
«La luna sobre el pueblo derrama su tristeza / Dicen los niños en su cantar /¡Ay qué lunica! dicen las viejas / Con dulce tono de murmurar / Luna lunera cascabelera... / Las gentes  salen a respirar /¡Ah, qué dulzura sobre las eras!, /Plenas de trigo sin desgranar. /En la plazuela casta y desierta / La fuente rima su sollozar. / Acacias blancas su miel derraman / Dicen las norias su palpitar. / Gran misticismo de luz y llanto. / Silencio santo. Melancolía [...]». 

El poeta mostró precozmente sus aptitudes perceptivas y no tanto las físicas, pues fue poco ágil, de pasos cortos e inestables, lo que le llevó a una inseguridad que incluso le provocaba miedo a cruzar la calle (hecho que le valió las burlas de otros niños). La música había sido en él anterior a la palabra, tarareaba canciones populares andaluzas, algo que su madre incentivaba. Su familia tenía un buen nivel cultural. Su madre fue maestra y otros miembros compartían el amor por la recitación, las coplas, los libros y la lectura, frente a la gran mayoría de población analfabeta; aunque en su pueblo la lectura era favorecida por «agitadores izquierdistas», según testimonios de los ingleses terratenientes que ocuparon la Vega de Fuente Vaqueros. 

En este poema, Lorca evoca sus percepciones infantiles: juegos, vida, cantos, la figura de las mujeres de su entorno que le prestan su atención y afecto, por un lado, y la intolerancia y la tristeza por otro. Su ambiente familiar favorece su energía espiritual, el respeto a su individualidad y a sus intereses innatos, los que se despiertan espontáneamente en él. Siguiendo este claro ejemplo de la relevancia de un entorno favorecedor durante la formación de la personalidad del individuo, el desarrollador de la cultura debe realizar su programación, desarrollo y dinamización de acciones culturales relacionadas con la infancia, teniendo presentes estas premisas contempladas en el ideario. 

Fuente bibliográfica utilizada: Montes Amuriza, Dolores. Federico García Lorca, colección Grandes biografías. Ediciones Rueda J. M., Madrid, 1996.

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